El servicio que ofrece una residencia ancianos es ampliamente conocido por la mayoría de familias españolas que tienen a alguno de sus miembros jubilados. Pero como no todas las jubilaciones son iguales, digamos que el paso del tiempo hace que tantos unos jubilados de mayor pensión y otros que la disfrutan más baja, prefieran elegir un retiro tranquilo y bien atendido, a quedarse en casa solos o con los hijos.

 

Sin embargo, no todos los mayores están deseando abandonar su domicilio para convivir con la familia de uno o varios de sus hijos, estar cambiando cada cierto tiempo de hogar, ni tampoco es viable que permanezcan solos sin ayuda.

 

Y en una residencia de mayores obtienen todo lo que puedan necesitar. Desde alojamiento, atención sanitaria y médica, compañía, entretenimiento y hasta diversión. Todo eso está al alcance de sus oportunidades tanto en régimen interno como en residencias de estancia temporal y centros de día. Bien porque son personas que se valen por sí mismas y acuden al centro por la mañana, pasan el día en las actividades y realizando su vida completa, pero regresan al domicilio a última hora de la tarde.

 

Las residencias integrales acogen a usuarios válidos o asistidos, dos conceptos clásicos en este sector que acoge a la tercera edad porque los clasifica por su grado de autonomía. EN este sentido, los válidos son personas de avanzada edad pero que no tienen afectadas sus habilidades físicas de movimiento ni psíquicas, así como tampoco tienen alguna enfermedad crónica. Son personas que se realizan sus propias actividades de higiene, acondicionamiento de la habitación y disfrutan plenamente de todos los servicios de la residencia.

 

En estos casos, el centro fomenta su buena salud física y mental, haciendo que participe en actividades, eventos y reciba a familiares y allegados en un entorno muy familiar y agradable.

 

Sin embargo, se dan otros casos donde los mayores están afectados por discapacidades tales como físicas, psíquicas o sensoriales, no pudiendo valerse totalmente por sí mismos, necesitando ayuda para todo su desarrollo diario. A lo cual también se puede unir alguna enfermedad crónica o asociada a la edad, como el alzheimer o la demencia senil.

 

En las residencias funciona la llamada Ley de Dependencia, que es la que pone en marcha el mecanismo mediante el cual, todo anciano que necesite asistencia por discapacidad y minusvalía (ya sea sensorial, psíquica o física), es atendido en el centro por el equipo multidisciplinar que forman varios profesionales. Esta ayuda, sin embargo, debe ser solicitada por los familiares para ingresar en una residencia ancianos o en un centro de día como el antes descrito.